Lo prometido…

… Es deuda. Así que hoy publico la última entrada de esta página, y lo hago para anunciar que ayer inauguré por fin el nuevo blog sobre la muerte y sobre Oriente en Blogger. Aquí os dejo el enlace para que quien quiera se pase por allí:

Tristeza de Ereškigal

Muchas gracias por haberme acompañado aquí en WordPress y sed bienvenidos a mi otro espacio. Dejaré un tiempo esta página abierta, aunque poco a poco iré trasladando estas entradas al nuevo blog. Cuando ya lo tenga todo allí cerraré esta definitivamente.

¡Nos vemos por allí!

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Anuncios y cambios

Hace tiempo que no publico en el blog pero no es porque lo haya abandonado o ya no quiera compartir el mundo que se esconde detrás de la Muerte. Siempre he sido de Blogger, pero quise probar a hacer este blog en WordPress, porque no sé me parecía que podía adaptarse mejor a la forma en la que quería plantear este proyecto.

Sin embargo, WordPress no ha cumplido bien mis expectativas, y no me termino de sentir a gusto del todo en este formato de blog. Así que estas semanas las estoy dedicando a preparar una página en Blogger y a tunearla como quiero para poder compartir con vosotros las cosas como de verdad me gustaría.

Sigo preparando cosillas y novedades, ya que me gustaría ampliar la información más allá del mundo de la muerte, hacia el otro mundo que también despierta verdadera pasión en mí. Me gustaría inaugurarlo el 1 de Noviembre por la fiesta tan significativa que es; así que con un poco de suerte en esa fecha podré invitaros a esta nueva dirección…

Un saludo y ¡¡gracias!!

“Arqueología de la Muerte” en el MAN

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Hace unos meses el Museo Arqueológico Nacional de Madrid tuvo el detalle de acordarse de todos aquellos que estamos interesados en el mundo de la muerte y planteó un recorrido temático a través de las diversas salas para adentrarnos en las formas de entender el más allá tanto en la Península Ibérica como en las civilizaciones del Mediterráneo. En I Vinteren Pa Livet he tenido la oportunidad de hacer tal recorrido y por eso hoy lo quería compartir con vosotros.

1primerops-enterramientosLa primera vitrina se encuentra en la Planta 0, Sala 7 y está centrada en el Neolítico y el Calcolítico, momento en el que se dan los primeros enterramientos. Estos primeros enterramientos pasaron de ser individuales a colectivos, y una buena muestra la ofrece la Cueva de los Murciélagos.En ella aparecieron doce cadáveres dispuestos en torno a una mujer junto con otros restos diseminados por otras salas. Entre los objetos que los acompañaban se hallaron adornos personales como una diadema de oro, y cestillos de esparto. El hallazgo de estos objetos se ha interpretado como una incipiente diferenciación social.

2arqueologia-1El siguiente elemento es una tumba de la Edad del Bronce, concretamente, Campaniforme cuya reconstrucción se encuentra en la Planta 0, Sala 8. Se trata de los jefes guerreros que ahora son enterrados de forma diferenciada en tumbas individuales con cerámicas campaniformes, armas y otros objetos de lujo. Estos enterramientos manifiestan el desarrollo de una ideología del poder vinculada a la posesión de armas.

3cista-herreriasEn la Planta 0, Sala 9 se encuentra una cista de Herrerías, propia de la Cultura del Argar desarrollada en el sureste peninsular en la Edad del Bronce. En la cista se halló un esqueleto en decúbito lateral izquierdo y flexionado, probablemente con cuerdas que le mantuvieran en esa posición. A su lado aparecieron sus armas y recipientes cerámicos en los que depositar los alimentos que pudiera necesitar en la otra vida. Es destacable además que fuera depositado bajo el suelo del hogar como forma de mantener al difunto cerca del entorno de los vivos; sin embargo, esto no es aplicable a toda la población.

4diadema-caravacaY terminamos la Edad del Bronce con la diadema de Caravaca de la Cruz (Planta 0, Sala 9), única por ser de oro e interpretada como un objeto de lujo exclusivo de mujeres que les otorga poder y prestigio social.

5calaceiteEntramos en la Protohistoria ya en la Planta 1, Sala 10 con este soporte para brasero hallado en Calaceite, en Teruel. Estas producciones muestran ya la interrelación existente entre las poblaciones autóctonas y aquellas procedentes de pueblos mediterráneos y centroeuropeos. Esta pieza hecha en bronce representa la figura de un caballo, animal que en la tradición indoeuropea ejerce como psicopompo y fue hallado en una tumba, como parte del ajuar.

6vitrina-aliseda-cEl Tesoro de Aliseda también se encuentra en la Planta 1, Sala 10 y es un rico ajuar funerario perteneciente a la cultura tartésica. Está compuesto por 285 piezas de oro, más objetos con piedras engastadas, un espejo de bronce, un brasero y un vaso de plata, y un jarrito de vidrio con una inscripción egipcia. Los motivos decorativos son de estilo oriental, si bien la manufactura es local.

7guerreros-archena

Las siguientes tres piezas se enmarcan en los pueblos ibéricos. La primera de ellas es el llamado Vaso de los Guerreros (Planta 1, Sala 11) que da muestra de la importancia de la cremación que los íberos concedían en su ritual funerario. Este vaso de Archena es un kálathos utilizado como urna cineraria del guerrero que lo encargó. Las escenas que lo decoran representan escenas de lucha en las que el difunto se erige como el absoluto vencedor.

8pozo-moro-detEn la Sala 12 de la Planta 1 se sitúa la que, sin duda, es una de las piezas más importantes que tenemos en España, la tumba de Pozo Moro. Se trata de un monumento turriforme cuyos relieves manifiestan la influencia de los mitos orientales en la mentalidad ibérica. El programa iconográfico se inicia con una imagen femenina al estilo de la diosa egipcia Hathor que sostiene dos enormes flores de loto, como símbolos de fecundidad y renacimiento; y continúa con el héroe portando el árbol de la vida; le sigue una escena de banquete; y acaba con una escena de lucha y otra sexual de unión entre un personaje masculino con una diosa.

9dama-bazaY terminamos los íberos con otro hallazgo importantísimo, la Dama de Baza (Planta 1, Sala 11), una urna cineraria antropomorfa hallada en la necrópolis ibérica de Baza, en Granada. La urna apareció acompañada por un rico ajuar compuesto por cerámicas lujosas y cuatro panoplias de guerrero que manifiestan los juegos que se realizaban en memoria del difunto.

10vitrina-pectoral-detCon el pectoral céltico de Aguilar de Anguita (Planta 1, Sala 14) se cierra el recorrido por la Protohistoria. Se trata de una pieza formada por dos discos de bronce, uno para el pecho y otro para la espalda, junto con placas discoidales y ovales que cuelgan sujetas por cadenas. Pudo pertenecer a un régulo céltibérico que lo usaría en ceremonias y celebraciones para mostrar su alta posición social. En la muerte, formó parte del ajuar funerario junto con sus armas y objetos de indumentaria.

11sarcofago-orestesEn el mundo hispanorromano la muerte era algo cotidiano pero se consideró necesario situar los cementerios en las afueras de la ciudad. Todos buscaban asegurarse el entierro y la tumba, pero la riqueza de los mismos dependía de las riquezas que la familia poseyera. El Sarcófago de Orestes (Planta 1, Sala 21) fue importado desde Roma por una familia poderosa para exponerlo en su mausoleo familiar. El motivo de los relieves que decoran el sarcófago es la tragedia griega de la venganza de Orestes quien asesina a su madre y a su amante tras causar estos la muerte de su padre Agamenón.

12rsicinusjpgDurante la Antigüedad Tardía el cristianismo empieza a ganar protagonismo y esto se va a ver reflejado también en el mundo de la muerte, con la generalización del rito de inhumación. Procedente de Alfaro, en Logroño, es la lauda sepulcral (Planta 1, Sala 23) que cubría la tumba del personaje acomodado que aparece representado en el mosaico que lo decora. La inscripción menciona a un tal Ursicino y está acompañado de símbolos tanto cristianos como paganos.

13vitrina-visigodosCon los visigodos los ajuares funerarios presentan un gran número de objetos, práctica contraria a la manifestada por el cristianismo que intentó reducir la riqueza de los ajuares. Las piezas de la Sala 23 (Planta 1) representan objetos de indumentaria como parte del ajuar funerario junto con unas lápidas funerarias que presentan símbolos cristianos e inscripciones en latín para perpetuar el recuerdo del difunto.

14cipoEn la época de Al-Ándalus estos cipos cilíndricos indicaban la posición de las tumbas de personajes importantes en los cementerios situados a las afueras de la ciudad. Este cipo en concreto (Planta 1, Sala 23) fue usado por un musulmán y después por un judío como manifiestan las dos inscripciones (una en árabe y la segunda en hebreo) que lo adornan.

15constanzaCon los reinos cristianos hay un desarrollo del enterramiento en el interior de las iglesias, aunque destinado a la nobleza, las altas dignidades y a los sepulcros regios. En el sepulcro de Doña Constanza de Castilla , nieta de Pedro I (Planta 2, Sala 27), que falleció en 1478 se puede observar el programa iconográfico que compone esta pieza de alabastro. De él se desprende la doble faceta que desarrolló Doña Constanza como priora del monasterio de Santo Domingo el Real y como perteneciente al linaje de los Castilla.

16osiris-detDejando de lado la Península Ibérica, las tres últimas etapas de este recorrido se centran en los escenarios de Egipto y Grecia. En este sarcófago egipcio (Planta 2, Sala 34) se manifiesta la visión egipcia sobre la vida de ultratumba pues muestra el alma de un difunto como un pájaro con cabeza humana y acompañada por divinidades protectoras mientras es pesada para determinar su futuro en el más allá: si balanza se desequilibra será presa de la devoradora de corazones y su muerte será eterna; pero si su alma pesa lo mismo que una pluma, podrá vivir para siempre.

17camara-iheLa tumba de Ihé, una cantora de la casa de Amón (Planta 2, Sala 35) presenta una cámara sepulcral con varias ilustraciones que hacen referencia al mundo de ultratumba. El sarcófago con su cuerpo momificado se encuentra acompañado por los cuatro vasos canopos en los que se guardan sus vísceras además de cientos de figurillas que la acompañarían y trabajarían para ella en el más allá.

18Sin-t-tulo-6Y finalizamos con Grecia y el lécito blanco como icono de la muerte para los griegos (Planta 2, Sala 36). Servía para guardar los aceites perfumados con los que se purificaban el cadáver y se dejaba en la tumba como señal de respeto. En él se dibujaban imágenes del difunto como medio de mantenerlo vivo en la memoria.

¡Espero que os animéis a realizar este recorrido en directo por el mundo de la muerte a través del MAN!

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El Panteón de Hombres Ilustres

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Cerca de la actual estación de Atocha en la ciudad de Madrid se alza un impresionante edificio a medio camino entre el olvido y el desconocimiento, en cuyo interior descansan los restos de figuras relevantes en la historia de España de los últimos tiempos: se trata del Panteón de Hombres Ilustres.

Fachada principal del Panteón de Hombres Ilustres

Fachada principal del Panteón de Hombres Ilustres

Historia

El marco histórico en el que se inserta el planteamiento de su construcción tiene tres protagonistas destacados y dos escenarios fundamentales, pero sobre todo un proyecto en común: el de crear un espacio de identidad nacional en el que los españoles aprendieran sobre su pasado glorioso y sirviera como espejo de las virtudes que todo español debía mostrar.

Nuestro primer protagonista es el rey José I, quien en los pocos meses que pudo gobernar desarrolló diversas políticas encaminadas a la creación de símbolos nacionales y a la construcción de un “panteón” de ilustres que convertirían Madrid en un centro de representación nacional. El levantamiento contra la ocupación francesa daría al traste con sus propuestas y el proyecto caería en el olvido, dando lugar al primer de los muchos fracasos en los que se vería envuelto el panteón.

Décadas después la idea sería rescatada del olvido; esta vez le tocaba el turno a Ramón de Mesonero Romanos. Tras impedir el derrumbe de la casa en la que había vivido Cervantes, se sintió en la necesidad de fijar elementos representativos de la cultura nacional, sobre todo, después de haber viajado por Europa y haber visitado la abadía de Westminster y el Panteón nacional francés. Entre sus obras, realizó una especie de catálogo sobre las sepulturas de hombres ilustres nacionales en la que ya reflexionaba lo siguiente: “Siempre fue España perezosa y olvidadiza con sus hijos esclarecidos, cuyo recuerdo no alcanza hasta mediados de siglo una estatua o un monumento que perpetuase sus nombres” (Mesonero Romanos, 1898, p. 9) y concluye dicha obra con la necesidad de crear un Panteón nacional “para perpetuar la memoria de nuestras celebridades” (Mesonero Romanos, 1898, p. 116).

Plantea el establecimiento del panteón en la iglesia de San Francisco, ubicada en pleno centro de Madrid. Había sufrido la desamortización y bajo las Cortes progresistas de 1837 se decreta el 6 de noviembre su adaptación como panteón aunque destinado a los liberales víctimas de las políticas absolutistas de Fernando VII. Sin embargo, la alternancia en el poder de progresistas y moderados hacen que el proyecto del panteón caiga nuevamente en el olvido.

Tras la Gloriosa de 1868, un año después Ángel Fernández de los Ríos recupera el proyecto, junto con una serie de reformas encaminadas a convertir Madrid en la ciudad moderna que merece. En un decreto del 31 de mayo se crea una comisión encargada de buscar los restos de los personajes más importantes desde Pelayo y que se encuentran esparcidos por España principalmente, pero también por Europa. Aunque el resultado no es tan bueno como se había esperado, el panteón se inaugura el 20 de junio de 1869 con una majestuosa ceremonia pública. Pero nuevamente contará con la oposición de las fuerzas conservadoras, que tachaban al panteón de liberal y antieclesiástico; y de las localidades de origen de los muertos ilustres, pues su turismo podría verse afectado. Así, en 1874 los restos de los ilustres iniciaron el camino de retorno a sus lugares de origen.

En 1888 la idea volvió a estar presente, pero esta vez ya no sería la iglesia de San Francisco el escenario, pues el culto religioso había sido restituido gracias, entre otros, a Cánovas del Castillo. Se elige ahora la basílica de Nuestra Señora de Atocha, convertida en Cuartel de los Inválidos desde 1837 y en Basílica desde 1863, cobijando en su interior las tumbas de diversos soldados y algunos políticos convirtiéndolo involuntariamente en panteón del constitucionalismo liberal. En ese año de 1888, viendo el estado derruido en el que se encontraba, entra en concurso el proyecto de reforma y sale ganador el de Fernando Arbós y Tremanti. Planteaba la construcción de una basílica con una especie de claustro anexo en el que se ubicaría el panteón, junto con una columna conmemorativa en el patio. Finalmente, el Panteón fue consagrado en una modesta ceremonia privada celebrada el 7 de julio de 1902. Los tira y afloja entre la monarquía, cada vez más antidemocrática, y los liberales llevaron, una vez más, al fracaso de este inacabado proyecto y terminó por caer en el olvido durante el Franquismo, cayendo en el olvido también la memoria de los generales liberales y los políticos allí enterrados.

El monumento

A día de hoy se conservan allí enterrados las siguientes personalidades, si bien en un principio llegó a albergar los restos de los generales Palafox, Castaños y Prim:

Monumento funerario de José Canalejas

Monumento funerario de José Canalejas

José Canalejas (1854-1912). Político liberal y literato asesinado en la Puerta del Sol en 1912. Su monumento funerario está realizado por Mariano Benlliure en mármol blanco y simboliza el traslado del cadáver hasta su morada final, todo ello coronado por la imagen del redentor.

Monumento funerario del Marqués de Duero

Monumento funerario del Marqués de Duero

Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, Marqués del Duero (1806-1874). Héroe liberal de las guerras carlistas y héroe de la campaña en Portugal para hacer valer los derechos del areina doña María de la Gloria. Su monumento fue obra de Elías Martín y Arturo Mélida y Alinari, construido en forma de retablo con una imagen del genio de la guerra en actitud reflexiva.

Monumento funerario de Cánovas del Castillo

Monumento funerario de Cánovas del Castillo

Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897). Político conservador y literato, uno de los artífices de la restauración monárquica con Alfonso XII y asesinado por un anarquista. El monumento es obra de Agustín Querol elaborado en 1906; el difunto aparece sobre un lecho en el que se representa la Templanza, la Sabiduría, la Justicia, la Elocuencia, la Prudencia y la Constancia.

Monumento funerario de Ríos Rosas

Monumento funerario de Ríos Rosas

Antonio de Ríos Rosas (1812-1873). Político liberal-conservador y orador, siendo diputado, embajador en Roma, ministro de la Gobernación y Presidente del Congreso de los Diputados. Su monumento fue realizado por Pedro Estany, en estilo de retablo con un genio alado que ofrece una rama de laurel al busto del difunto.

Monumento funerario de Eduardo Dato

Monumento funerario de Eduardo Dato

Eduardo Dato e Iradier (1856-1921). Político conservador y jurisconsulto, diputado en la última legislatura de Alfonso XII, ministro en varios ministerios y asesinado en la Puerta de Alcalá. Mariano Benlliure es el artista detrás de su monumento con el difunto yaciendo envuelto en un sudario y con las manos en el pecho, con una mujer enlutada en la cabecera.

Monumento funerario de Mateo Sagasta

Monumento funerario de Mateo Sagasta

Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903). Ingeniero de caminos y político liberal-progresista. Su monumento también fue realizado por Mariano Benlliure y en él yace Sagasta acompañado por la Historia en la cabecera cerrando un libro como la etapa que se cierra con su muerte, y a sus pies un hombre que representa al pueblo.

Mausoleo conjunto en el patio del Panteón

Mausoleo conjunto en el patio del Panteón

Mausoleo Conjunto. En el patio del claustro se encuentra el último mausoleo que desentona con la estructura del panteón ya que fue realizado por Federico Aparici para la Sacramental de San Nicolás de Barri y se trasladó a Atocha cuando aquel fue derribado. En él descansan los restos de Diego Muñoz Torrero, Agustín Argüelles, Francisco Martínez de la Rosa, Juan Álvarez Mendizábal, José María Calatrava y Salustiano Olózaga.

Y después de toda esta dramática historia de fracasos, no hay nada mejor que terminar con la reflexión del periodista Mariano de Cavia sobre las obras en la basílica de Atocha (Álvarez, 2006, p. 127):

No hay en este país profesión más intranquila, incómoda e insegura que la de cadáver ilustre”

Bibliografía:

  • Álvarez, M. (2006), Cementerios de Madrid. Memoria sepulcral de la ciudad, Madrid, La Librería.
  • Álvarez Barrientos, J. (2005), “Ramón de Mesonero Romanos y el Panteón de Hombres Ilustres”, Anales de Literatura Española, 18, Alicante, pp. 37-51.
  • Boyd, C. (2004), “Un lugar de memoria olvidado: el Panteón de Hombres Ilustres en Madrid”, Historia y Política, 12, pp. 15-39.
  • Mesonero Romanos, M. de (1898), Las sepulturas de los hombres ilustres en los cementerios de Madrid, Madrid, Imp. de Hernando y Compañía.
  • Pastor Mateos, E. (1970), El Panteón de Hombres Ilustres, Madrid, Instituto de Estudios Madrileños, CSIC.

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  • Todas las fotos son mías. Si os sirven podéis usarlas siempre y cuando citéis el lugar de origen.

Los cráneos de Jericó

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La Cultura de Jericó fue una de las muchas que se desarrollaron durante el Neolítico próximo oriental, y más en concreto en la zona de la actual Palestina. Cronológicamente. la estratigrafía de los niveles neolíticos muestra un desarrollo desde un Protoneolítico iniciado en el 7.800 a.C hasta el Neolítico Cerámico B que finaliza hacia el 3.500 a.C. (siguiendo la datación establecida por la dra. Kenyon). Sin embargo, el periodo que más nos interesa es el Neolítico Precerámico A y B (PPNA – desde el 7.000 a.C. – y PPNB – desde el 6.500 a.C. -, respectivamente). Su emplazamiento, que pueden situar en el mapa que les acompaño, consta de una ciudad amurallada, que cuenta además con un torreón defensivo, dentro de la cual se han construido una serie de viviendas de planta cuadrangular. Estos datos permiten pensar que ya hay una determinada organización social o al menos una cooperación interfamiliar.

Mapa de la costa siro-palestina con Jericó señalada

Mapa de la costa siro-palestina con Jericó señalada

Con respecto a su descubrimiento, fueron varias las campañas desarrolladas a lo largo del siglo XX. Entre 1907 y 1909 se desarrolló una campaña austroalemana dirigida por Ernst Selling y Karl Watzinger. La siguiente intervención, con el fin de solucionar los aspectos estratigráficos que la expedición anterior había dejado inconclusos, se desarrolló entre 1929 y 1936 por John Garstang. La intervención más importante, de manos nuevamente inglesas, se produjo entre los años 1952 y 1958 con la doctora Kathleen Kenyon como protagonista. En estos momentos de máximo desarrollo de la metodología arqueológica, los trabajos de la doctora Kenyon llegaron hasta la roca madre y permitieron establecer la estratigrafía completa del yacimiento de Jericó.

De entre los hallazgos más interesantes destacan los cráneos hallados en el área de habitación y que datan del periodo Neolítico Precerámico  B. Durante el periodo anterior, como se constata también en otras culturas del entorno, ya hay un proceso de separar los cráneos del cuerpo, proceso que se encuentra ligado al desarrollo de un mundo simbólico, religioso y sepulcral. En este mismo periodo del PPNA también se hallaron una serie de cráneos orientados hacia el oeste dispuestos en filas de tres en tres; y otros cráneos depositados en círculo sobre restos humanos mal conservados y con la vista hacia el centro, lo que ha sido considerado como un altar.

Kathleen Kenyon trabajando con el material hallado en Jericó

Kathleen Kenyon trabajando con el material hallado en Jericó

Las innovaciones que se hacen en el PPNB con respecto al periodo anterior es que ahora ya hay un mayor tratamiento de los cráneos; las partes de la cabeza que faltan por motivos de descomposición son sustituidos por una reconstrucción realizada en arcilla o yeso, como las mandíbulas; dentro de esa reconstrucción, también en algunos casos se han encontrado restos de pelo o bigotes pintados, e incluso algunos cráneos presentan decoración pintada; otra característica particular de estos cráneos, es que los ojos han sido sustituidos por conchas y los párpados modelados con arcilla para permitir la sujeción de dichas conchas, dando lugar casi a verdaderos retratos. Por otro lado hay indicios de extracción deliberada de los dientes, interpretado como un medio de simular la ancianidad del cráneo y venerar a las personas en estas edades.

Cráneos neolíticos de Jericó

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Cráneo de Jericó en el que se aprecia la ausencia de mandíbula y en lugar de ojos se observan conchas con relleno de arcilla tanto en las órbitas como en la nariz

Bibliografía:

  • Liverani, M. (2008), El Antiguo Oriente. Historia, sociedad y economía, Barcelona, Crítica, 2ª ed.
  • Rubio de Miguel, I. (2004), “Rituales de cráneos y enterramiento en el Neolítico precerámico del Próximo Oriente”, CuPAUAM, 30, Madrid, pp. 27-45.
  • Vilar Hueso,V. (1963), “Las culturas neolíticas de Jericó”, Archivo de Prehistoria Levantina, 10, Valencia, pp. 7-21.

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Morir en… San Isidoro de Sevilla

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San Isidoro de Sevilla fue una de las figuras más importantes del Cristianismo desarrollado en tiempos visigóticos. Nacido en Cartagena hacia el 556, este obispo, teólogo y erudito, era hijo de padre hispano-romano de elevado rango social y de madre visigoda; y hermano de Leandro, quien fue arzobispo de Sevilla. Entre su formación, destacan las lecturas de Agustín de Hipona y San Gregorio Magno, además de los estudios de latín, griego y hebreo realizados en la escuela Catedralicia de Sevilla. Tras morir su hermano, heredó el gobierno de la diócesis sevillana con un episcopado que se iniciaría en el 599 hasta su muerte en el 636. Ya como obispo se centró en consolidar la presencia y la educación de los obispos del reino.

Como escritor prolífico, nos han llegado muchas de sus obras. Sin embargo, la obra que más

San Isidoro de Sevilla, por Murillo, 1655

San Isidoro de Sevilla, por Murillo, 1655

destacará serán sus Etimologías, obra en la que nos vamos a centrar para describir cómo era la muerte para San Isidoro. Este documento de carácter enciclopédico fue escrito hacia el 634, en plena madurez de San Isidoro, con el fin de recoger el conocimiento heredado desde la antigüedad pagana hasta el cristianismo del siglo VII. Tuvo una gran popularidad a lo largo de la Edad Media, como ponen de manifiesto la diversas copias que se hicieron.

A lo largo de sus Etimologías, se encuentran diversas referencias al mundo de la muerte. Vamos a centrarnos en las más importantes y después dejaremos señaladas otras menciones menores. De entre los veinte libros de los que se compone esta obra, es en el Libro XI, el destinado al hombre, donde aparece la etimología que San Isidoro da a la palabra muerte.

En el capítulo 2 del Libro XI, San Isidoro habla de las etapas de la vida, distribuidas en seis, siendo la última denominada “senium (ancianidad) por ser el final” (L. XI, 2, 8). Tras enumerar brevemente estas etapas de la vida, San Isidoro se dispone a analizarlas más a fondo y es ahí donde encontramos una descripción de la muerte. Lo primero que nos dice es que la muerte se denomina así (mors) porque es amarga; o bien plantea que derive del dios Marte, porque “es causa de numerosas muertes” (L. XI, 2, 31); o bien, añade una tercera posibilidad del origen de la palabra “muerte” y lo relaciona con el mordisco (morsus) del primer hombre, pues según la Biblia fue con el pecado original como entró la muerte en el mundo: “Por tanto, como por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, ya que todos pecaron” (Romanos 5:12).

A continuación, San Isidoro se centra en definir los tres tipos de muerte que hay, según responda a la de los niños (acerba); la de los jóvenes (prematura); y la de los ancianos (natural). Después ofrece un análisis lexicográfico sobre el vocablo mortuus, ya que desconoce su función en la oración y recurre a César para tratar de dar una explicación convincente:

“El vocablo mortuus no se sabe a qué parte de la oración pertenece: según dice César, por tratarse de un participio de pretérito del verbo morior, debería terminar en us, con una sola u, y no con dos; pues cuando presenta geminación de u se trata de un sustantivo, no de un participio […]. Y esta ambigüedad tiene su razón de ser, pues del mismo modo que no puede evitarse con obras lo que significa, tampoco es posible expresar mediante palabras su mismo nombre. Todo muerto o es un sepultado o es un cadáver”
(Etimologías, Libro XI, 2, 33)

Las siguientes definiciones dentro de este mismo capítulo se centra en las distintas nominaciones que recibe un cadáver. Para San Isidoro un cadáver recibe es un sepultado si está enterrado y la palabra funus que lo acompaña proviene de los hachones de cuerdas (funis) que se llevan encendidas delante del féretro (L. XI, 2, 34). El término “cadáver” hay que emplearlo cuando un difunto yace sin sepultar, y la propia palabra proviene de cadere, ya que no puede mantenerse en pie (L. XI, 2, 35). El término “difunto” se emplea para indicar que cumplió con el cometido de la vida, es decir, cumplió con el deber de la vida o porque ha concluido sus días (L. XI, 2, 36). Por último, nos habla de los términos sepulto que proviene de sine pulsu, es decir, sin pulso ni palpitación; sepelire, que significa ocultar el cuerpo; y humare que significa cubrir de tierra (L. XI, 2, 37).

El capítulo en el que nos detendremos ahora es el número 11 del Libro XV, libro destinado a la descripción de los edificios y los campos, y que en este capítulo nos acerca a los sepulcros. San Isidoro inicia este capítulo indicando que la palabra “sepulcro” proviene de sepultus (enterrado), y nos ofrece una breve descripción histórica de cómo eran los enterramientos: “En un principio, cada difunto era enterrado en su propia casa. Con el paso del tiempo esto fue prohibido por las leyes, para que el hedor no inficionara con su contacto los cuerpos de los vivos” (L. XV, 11, 1).

San Isidoro, asimismo, presenta una tipología funeraria con la etimología de cada palabra. Así empieza con el nombre de monumentum, que según nuestro autor procede de mentem monere, ya que tiene como fin mantener  en la mente el recuerdo del difunto (L. XV, 11, 1). Con respecto a tumulus, procede de tumens tellus (tierra levantada) (L. XV, 11, 2). “Sarcófago” expresa que allí se consumen los cuerpos, pues procede del griego sárx “carne” y phageîn “comer” (L. XV, 11, 2). Para San Isidoro, “mausoleo” es la palabra para definir los sepulcros de los reyes; pues procede de Mausolo, rey de los egipcios, a cuya muerte su esposa erigió tal sepulcro que todos los enterramientos con características semejantes no pueden más que definirse en su honor (L. XI, 11, 3). Por último, se centra en la “pirámide” y la hace derivar del griego pŷr “fuego” pues su estructura recuerda al fuego que se eleva; añade, además, que estas construcciones eran propias de Egipto (L. XV, 11, 4).

Otras menciones a la muerte y temas relacionados con ella en las Etimologías:

  1. En el LIbro VIII, destinado a la Iglesia y las sectas, el capítulo 9 está destinado a hablar sobre los tipos de magos que existen, y entre ellos, San Isidoro menciona a los nigromantes. Los define como “aquellos con cuyos hechizos se aparecen los muertos resucitados y adivinan y responden a las preguntas que se les formulan” (L. VIII, 9, 11). Añade también que la palabra nigromante proviene del griego nekrós “muerto” y manteía “adivinación”, y para evocarlos, se emplea la sangre de un cadáver, que es lo que les gusta a los demonios.
  2. En el mismo libro, en el capítulo 11 que nos habla de los dioses de los gentiles, San Isidoro se centra en la idea de detallar cómo en el mundo de los paganos hay una serie de “dioses” que antaño fueron hombres, pero que tras su muerte ascendieron a la categoría de dioses por sus propios méritos y la vida llevada. Ofrece, asimismo, ejemplos de estos dioses, antes hombres: Isis, Júpiter, Juba, Fauno, Quirino… (L. VIII, 11, 1-2).
  3. El Libro X está centrado en las palabras, y en la letra M encontramos miser (Infeliz) para la cual San Isidoro alega que ha de referirse a los muertos, porque han perdido la vida (miserunt), y cita las Tusculanas de Cicerón (autor que veremos en otra ocasión) para justificar su planteamiento (L. X, M, 173). En la misma letra M, recoge moribundus (moribundo) que significa semejante al que muerte, igual que vitabundus significa semejante al que vive; pero no implica que vaya a morir, sino que tiene el mismo aspecto de quien va a morir (L. X, M, 181).
  4. Cuando habla de las partes que componen al ser humano, la palabra “cuerpo” (corpus) la hace proceder de corruptum perit, pues es descomponible y mortal, y al corromperse, perece (L. XI, 1, 14).
  5. La última mención digna de destacar hace referencia a los seres prodigiosos que pueblan el imaginario antiguo, pues se centra en el Cerbero, como perro de los infiernos. De él nos dice que “está dotado de tres cabezas que simbolizan las tres edades a través de las cuales la muerte devora al hombre: la infancia, la juventud y la vejez” (L. XI, 3, 33). Añade además, que proviene del griego kreobóros “devorador de carne”.

Las Etimologías nos ofrecen una interesante descripción de las realidades que poblaban la mentalidad de un individuo del siglo VII, y es interesante ver además cómo San Isidoro corta, pega, junta y recrea una etimología para cada una de las palabras.

Bibliografía:

  • Nueva Biblia de Jerusalén (1999), Bilbao, Desclée de Brouwer.
  • San Isidoro de Sevilla (2004, Etimologías, José Oroz Reta y Manuel Marcos Casquero (eds.), Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos.

La “Graveyard poetry”

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Hoy nos trasladamos a la Inglaterra del siglo XVIII para acercarnos a la muerte a través de los escritos que un grupo de poetas, considerados precursores del Romanticismo y del género gótico, nos legaron: se trata de los conocidos como “Poetas del Cementerio” o “Poesía del Cementerio” (Graveyard Poetry).

Los rasgos más significativos de su poesía eran en primer lugar el acercamiento al interior del poeta, destacando un culto a la sensibilidad manifestado a través del amor a la naturaleza y la fe religiosa, pues muchos de ellos eran férreos cristianos e incluso clérigos. Sin embargo, lo más destacable en su poesía será el gusto por el horror y la melancolía poética, que proyectará imágenes tenebrosas, tétricas, con una recreación en la visión más macabra de la muerte: ataúdes, brumas, gusanos, cráneos…

La crítica considera el surgimiento de esta escuela a mediados de la década de los años 20 del siglo XVIII, si bien fue el poema de Thomas Parnell, A night piece on death (“Pieza nocturna sobre la muerte”) publicado en 1721 de forma póstuma, el que abriría la senda de estos “poetas del cementerio”. Asimismo, la crítica empleó este término para referirse en un primer momento a cuatro poemas entre los que se incluye el ya mencionado:

  • Thomas Parnell (1679 – 1718), A night piece on death, 1721: un poema marcado por una suave y tétrica melancolía a través del cual la Muerte como narrador evoca al hombre las terribles imágenes de su propia mortalidad.
  • Edward Young (1683 – 1765), Night thougts, 1742: meditaciones de un viajero solitario que visita un cementerio nocturno en el que visiones de amor y dolor, de oscuridad y siluetas tétricas son evocadas en un verso libre, bello y sonoro.
  • Thomas Gray (1716 – 1771), Elegy written in a country churchyard, 1742: de características muy similares al anterior, aunque en este caso la naturaleza adquiere un cariz importante.
  • Robert Blair (1699 – 1748), The Grave, 1743: poema desgarrador en la que la tristeza es el motor pasional de cada verso aunque siempre plasmado de forma exquisita.

Si bien estos fueron los principales poetas del cementerio, los escenarios nocturnos y macabros que crearon para enfrentar al hombre a los abismos melancólicos de su propia mortalidad, influyeron de forma significativa en muchos otros autores que rechazaron el Racionalismo en favor de ese culto a la sensibilidad y la melancolía, y entre ellos podemos mencionar a William Collins, Joseph Warton, James Macpherson, Thomas Percy y Mark Akenside.

Su influencia en el Romanticismo fue significativa y ejemplo de ello es la edición ilustrada por William Blake, en su faceta como grabador, del poema The Grave de Robert Blair con el que termino esta entrada:

Ilustración de William Blake para la publicación del poema The Grave de Robert Blair

Ilustración de William Blake para la publicación del poema The Grave de Robert Blair

Mientras algunos sufren el sol, otros la sombra,
Unos huyen a la ciudad, otros a la ermita;
Sus objetivos son tantos como los caminos que toman
En la jornada de la vida; y esta tarea es la mía:
Pintar los sombríos horrores de la tumba;
El lugar designado para la cita,
Donde todos estos peregrinos se encuentran.
¡Tu socorro imploro, Rey Eterno! cuyo brazo
Fuerte sostiene las llaves del infierno y la muerte,
De aquella cosa temible, La Tumba.

Los hombres tiemblan cuando Tú los convocas:
La Naturaleza horrorizada se despoja de su firmeza
¡Ah, Cuán oscuros son tus extensos reinos,
Creciendo largo tiempo en deshechos pesarosos!
Donde sólo reina el silencio y la noche, la oscura noche,
Oscura como lo era el caos antes de que el sol
Comenzara a rodar, o de que sus rayos intentaran
Azotar la penumbra de tu profundidad.
La vela enferma, resplandeciendo tenuemente
A través de las bajas y brumosas bóvedas,
(Acariciando el lodo y la humedad mohosa)
Deja escapar un horror inabarcable,
Y sólo sirve para hacer tu noche más funesta.
Bien te conozco en la forma del Tejo,
¡Árbol triste y maligno! Que adora habitar
Entre los cráneos y ataúdes, epitafios y gusanos:
Donde rápidos fantasmas y sombras visionarias,
Bajo la pálida, fría luna (como es bien sabido)
Encapuchados realizan sus siniestras rondas,
¡Ninguna otra alegría tienes, árbol embotado!

Observad aquel santo templo, la piadosa labor
De nombres una vez célebres, ahora dudosos u olvidados,
Enterrados en la ruina de las cosas que fueron;
Allí yace sepultado el muerto más ilustre.
¡Escuchad, el viento se alza! ¡Escuchad cómo aulla!
Creo que nunca escuché un sonido tan triste:
Puertas que crujen, ventanas agitadas,
Y el pájaro hediondo de la noche,
Estafado en las espinas, gritando en los pasos sombríos
Su ronda negra y rígida, colgando
Con los fragmentos de escudos y armas andrajosas,
Enviando atrás sus sonidos, cargando el aire pesado
De los nichos bajos, las Mansiones de los muertos.
Despertados de sus sueños, las duras y severas filas
De espantosos espectros se movilizan,
Sonrisa horrible, obstinadamente malhumorados,
Pasan y vuelven a pasar, veloces como el paso de la noche.
¡Otra vez los chillidos del búho! ¡Canto sin gracia!
No escucharé más, pues hace que la sangre fluya helada.

Alrededor del túmulo, una fila de venerables olmos
Enseñan un espectáculo desigual,
Azotados por los rudos vientos; algunos
Desgarran sus grietas, sus troncos añejos,
Otros pierden vigor en sus copas, tanto
Que ni dos cuervos pueden habitar el mismo árbol.
Cosas extrañas, afirman los vecinos, han pasado aquí;
Gritos salvajes han brotado de las fosas huecas;
Los muertos han venido, han caminado por aquí;
Y la gran campana ha sonado: sorda, intacta.
(Tales historias se aclaman en la vigilia,
Cuando se acerca la encantada hora de la noche).

A menudo, en la oscuridad, he visto en el camposanto,
A través de la luz nocturna que se filtra por los árboles,
Al muchacho de la escuela, con sus libros en la mano,
Silbando fuerte para mantener el ánimo,
Apenas inclinándose sobre las largas piedras planas,
(Con el musgo creciendo apretado, con ortigas bordadas)
Que hablan de las virtudes de quien yace debajo.
Repentinamente él comienza, y escucha, o cree que escucha;
El sonido de algo murmurando en sus talones;
Rápido huye, sin atreverse a una mirada atrás,
Hasta que, sin aliento, alcanza a sus compañeros,
Que se reúnen para oír la maravillosa historia
De aquella horrible aparición, alta y pavorosa,
Que camina en la quietud de la noche, o se alza
Sobre alguna nueva tumba abierta; y huye (¡cosa asombrosa!)
Con la melodía evanescente del gallo.

También a la nueva viuda, oculto, he vislumbrado,
¡Triste visión! Moviéndose lenta sobre el postrado muerto:
Abatida, ella avanza enlutada en su pena negra,
Mientras mares de dolor borbotean de sus ojos,
Cayendo rápido por las mejillas frágiles,
Nutriendo la humilde tumba del hombre amado,
Mientras la atribulada memoria se atormenta,
En bárbara sucesión, reuniendo las palabras,
Las frases suaves de sus horas más cálidas,
Tenaces en su recuerdo: Todavía, todavía ella piensa
Que lo ve, y en la indulgencia de un pensamiento cariñoso
Se aferra aún más al césped insensato,
Sin observar a los caminantes que por allí pasan.

¡Tumba injusta! ¿cómo puedes separar, desgarrar
A quienes se han amado, a quienes el amor hizo uno?
Un lazo más obstinado que las cadenas de la Naturaleza.
¡Amistad! el cemento misterioso del alma,
Endulzador de la vida, unificador de la sociedad,
Grande es mi deuda. Tú me has otorgado
Mucho más de lo que puedo pagar.
A menudo he transitado los trabajos del amor,
Y los cálidos esfuerzos de un corazón apacible,
Ansioso por complacer. ¡Oh, cuando mi amigo y yo,
Sobre alguna gruesa madera vaguemos desatentos,
Ocultos al ojo vulgar, sentados sobre el banco
Inclinado cubierto de prímulas!,
Donde la corriente límpida corre a lo largo
De aquella grata marea bajo los árboles,
Susurrando suave, se oye la voz aguda del tordo,
Reparando su canción de amor; el delicado mirlo
Endulza su flauta, ablandando cada nota:
El escaramujo olía más dulce, y la rosa
Asumía un tinte más profundo; mientras cada flor
Competía con su vecina por la lujuria de sus ropas;
¡Ah, entonces el día más largo del verano
Parece demasiado apresurado, y todavía el corazón pleno
No había impartido su mitad: era aquella una felicidad
Demasiado exquisita como para perdurar!
¡De las alegrías perdidas, aquellas que no volverán,
Cuán doloroso es su recuerdo!

Bibliografía:

  • García Peinado, M.A. y Vella Martínez, M. (2007), Una modalidad singular del lirismo inglés en el siglo XVIII: “The Graveyard School” (Antología bilingüe), Córdoba, Publicaciones Universidad de Córdoba.
  • Parisot, E. (2013), Graveyard Poetry: Religion, Aesthetics and the Mid-Eighteenth-Century Poetic Condition, UK, Ashgate Publising.
  • Snodgrass, M.E. (2009), Encyclopedia of Gothic Literature, New York, Infobase Publishing.
  • Comellas, J.L. (2009), Páginas de la historia, Madrid, Rialp.

Psicopompos: Ixtab

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Dentro del panteón maya nos encontramos a la diosa Ixtab, diosa del suicido y de los suicidas, que también ejerce como psicopompo. Contrariamente al pensamiento que desde el Cristianismo y otras religiones en las que el suicidio, como rechazo de la vida regalada por Dios, se considera un pecado atroz, en la mentalidad maya aquellos que se suicidaban despertaban un gran respeto y admiración entre los suyos.

Tanto es así que tenían su propia diosa, Ixtab. Aparece por primera vez en el Códice de Dresde,

Diosa Ixtab, lámina 56, registro 2.

Diosa Ixtab, lámina 56, registro 2, Códice de Dresde

un manuscrito creado entre el 1200 y el 1250 d.C. y adquirido para la biblioteca de la corte de Dresde en 1739. Sin embargo, habría que esperar un siglo más para poder identificar la información que se incluía en el manuscrito.

En dicho manuscrito, la diosa Ixtab aparece con los atributos más característicos: en primer lugar, observamos que cuelga de una cuerda, de una horca, de ahí que lo suicidas que elegían su muerte a través del ahorcamiento se encontraran entre sus favoritos. Asimismo, aparece con los ojos cerrados, para simbolizar que está muerta; y en la mejilla muestra un círculo negro con el que se pretendía la descomposición de la carne tras la muerte.

Además de estos atributos y características como diosa de los suicidios, como diosa joven y bella sentía predilección por atraer a los hombres a la selva, donde los seducía y hechizaba, hasta que se desvanecía. Raramente conseguían los hombres escapar de esa selva, y aquellos que lo hacían se volvían locos, suspirando por el amor de Ixtab.

Detalle de la diosa Ixtab en el Códice de Dresde

Detalle de la diosa Ixtab en el Códice de Dresde

Pero no solo los suicidas y los hombres despertaban su atención, también todos aquellos que tenían una muerte violenta, ya sea a través del sacrificio, aquellos que morían en la batalla, las mujeres que morían en el parto, y por último aquellos que morían a causa de un incendio o de una inundación.

Todos estos muertos, tenían el premio de acceder directamente a los reinos celestiales paradisíacos que se hallaban en la copa del Árbol del Mundo, Yaxchè. Y la diosa Ixtab era la encargada de guiar sus almas desde el momento en el que se produce la muerte y distribuirlas en los distintos niveles existentes según el tipo de muerte violenta que habían sufrido.

Una vez escoltados hasta el sitio que les correspondía, Ixtab se encargaba de darles de comer y de beber mientras descansaban a la sombre del árbol Yaxchè.

Bibliografía:

Alimento de Muertos: China

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Vn elemento fundamental en la creencia del más allá que imperaba en la mentalidad de la antigua China era el relacionado con el culto a los difuntos, convertidos en antepasados, y en especial, con el modo de alimentarlos. Esta alimentación tenía lugar no solo en el mundo de la celebración del funeral sino también a lo largo de cinco rituales distribuidos a lo largo del año.

Si bien en otras entradas les hablaré sobre la ideología de la muerte en sí y el ritual funerario completo, creo conveniente hacer un par de aclaraciones: en primer lugar, en el pensamiento chino reinaba la creencia en la existencia de dos almas en el ser humano: una corpórea, llamada po en la que recae el aspecto físico; y la etérea denominada hun. En segundo lugar, sobre el marco cronológico me voy a centrar principalmente entre las culturas neolíticas del III milenio a.C. hasta la Dinastía Zhou que termina en el 221 a.C. y dentro de la cual se desarrollan los escritos de Confucio que regularán, entre otras cosas, las prácticas funerarias.

Dicho esto y retomando lo anterior, la celebración y la ostentación de los banquetes funerarios dependían de la incipiente diferenciación social que se venía desarrollando desde las culturas últimas del Neolítico. Esto estaba ligado a la creencia de que solo los miembros de la familia real y la nobleza eran aquellas personas con la suficiente importancia como para poder llegar a convertirse en antepasados y así guiar y proteger a sus respectivos vivos.

Pero para poder llegar a la categoría de antepasados, primero tenía que celebrarse un gran ritual funerario y es ahí donde interviene la importancia del alimento. Como les señalé anteriormente, el ser humano estaba compuesto de dos almas, la etérea ascendía al cielo mientras que la corpórea regresaba a la tierra, y ambas debían ser igualmente alimentadas.

Por ello, casi se puede decir que era tan importante el proceso de cocción de los alimentos como el reparto y consumo de los mismos. Durante la cocción de los alimentos, se pensaba que el humo que se elevaba al cielo combinado con el aroma de bebidas alcohólicas, en especial el vino (jiu), llegaba hasta el lugar donde descansaban los ancestros y permitía alimentarles y apaciguar así su elemento espiritual. Para alimentar su elemento físico, se hacían libaciones y se guardaban parte de alimentos en vasijas de factura especial destinadas a tal fin.

Sobre los alimentos consumidos, además de esas bebidas alcohólicas, en las obras de Confucio que tratan sobre estos temas (su Analectas y su Li-Ki o Libro de los Ritos, en especial este último) se deja ver su predilección por el mijo glutinoso como grano más valioso para los ancestros además de una serie de frutas ordenadas por importancia siguiendo un estricto protocolo. Además se incorporaba la carne de animales y seres humanos sacrificados, si bien paulatinamente se fue eliminando el sacrificio humano. Asimismo, estos sacrificios debían ser realizados por una serie de individuos que seguían una dieta estricta y estaban obligados a ingerir parte de las ofrendas terminado el banquete.

cerámica_longshan

Cerámica zoomorfa de la Cultura Longshan. De color negro, de pasta fina y tersa

Entre los registros materiales hallados en las tumbas  de las diversas épocas, destacan en primer lugar las cerámicas negras de la Cultura Longshan, desarrollada entre el III y el II milenio a.C. y cuya exquisita factura ha llevado a pensar que se trataba de vasijas pertenecientes al ajuar funerario, anunciando ya las primeras diferenciaciones sociales.

En los registros arqueológicos de las etapas dinásticas (Período Shang c. 1500 – c. 1050 a.C. y Periodo Zhou c. 1050 – 221 a.C.) va a destacar la presencia de más cerámicas con fines similares así como la presencia de restos de huesos de aquellos animales y seres humanos (prisioneros de guerra en algunos casos) que fueron sacrificados.

Por último, y aunque nos salgamos un poco de cronologías, si quisiera destacarlas cómo la importancia del alimento y su preparación deja verse también en las tumbas. Pues son varios los ejemplos de los Períodos de la Dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.) y del Periodo de los Tres Reinos (221 – 280) en los que aparecen representaciones de cocinas en las propias tumbas, o estatuas de cocineros que acompañan a su señor y lo alimentan en la otra vida.

Vemos así que el banquete era una forma de unir los dos mundos, el de los vivos y el de los muertos, de apaciguar a estos para que intervinieran de forma positiva en el devenir de los vivos, y para evitar que estos espíritus pudieran provocar alguna que otra catástrofe.

Bibliografía:

  • Barrado, C. (2011), “La representación de figuras humanas en los ajuares funerarios en China”, Djeser. Revista de Arte, Arqueología y Egiptología, 0-2011, pp. 2-57.
  • Wiesheu, W. (2004), “El poder de lo sagrado: el culto a los antepasados en la China antigua”, XII Congreso Internacional de ALADAA, México.
  • León, J.L. de (2008), La muerte y su imaginario en la historia de las religiones, Bilbao, Universidad de Deusto, 2ª ed.
  • Confucio (1998), Analectas, Simon Leys (ed.), Madrid, EDAF.
  • Confucio, Li-Ki: http://www.sacred-texts.com/cfu/liki/

Dioses de la Muerte: Érebo

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Cuando nos acercamos al pensamiento que sobre el otro mundo se tenía en la Antigua Grecia, la primera idea que nos viene es la del dios Hades, cuyo nombre terminará identificando al propio Inframundo. Sin embargo, el más allá griego ofrece un vasto catálogo de divinidades y criaturas que habitan en él. Hoy nos vamos a detener en uno de ellos: el dios Érebo.

Se trata de un dios primordial que representaba la completa Oscuridad, cuyo origen, dentro de la tradición más extendida, lo sitúa como surgido a partir de Caos y hermana de Nix, la negra Noche, con la que tendrá dos hijos: Éter o Luz celeste, y Hemera, el Día. Es así como Hesíodo lo relata en su Teogonía escrita entre el siglo VIII y VII a.C.:

“En verdad lo primero de todo fue Caos, y luego
Gea de anchuroso pecho, sede segura por siempre de todos
los inmortales que habitan las cumbres del nevado Olimpo,
el brumoso Tártaro en lo más recóndito de la tierra de anchos caminos
y Eros, el más hermoso de entre los dioses inmortales,
que afloja los miembros y de todos los dioses y todos los hombres
subyuga la mente y el sabio designio dentro de su pecho.
De Caos nacieron Érebo y la negra Noche,
y de la Noche a su vez nacieron el Éter y el Día,
a los cuales dio a luz preñada en unión amorosa con Érebo.”
(Hes., Teog., 116-125)

La tradición órfica, basada en himnos griegos de los siglos III y II a.C. hacen a Érebo descendiente de Cronos y Ananké, por lo que su nacimiento se produciría en una generación posterior.

Con respecto al mito en el que aparece de forma significativa, se trata de aquel que explica el paso de las noches y los días. En este mito, parece haber una lucha entre Nix y Érebo contra sus hijos Éter (como fuente de luz)  y Hemera para ver quienes imponían su dominio sobre la tierra. Así, Nix se encargaba de esparcir la oscuridad de Érebo para llevar la noche, bloqueando así la luz emitida por Éter; mientras que Hemera a su vez, se encargaba de la misma labor pero tratando de hacer que Éter volviera a iluminar la tierra.

A medida que se vaya desarrollando la imagen del Inframundo y sus características, Érebo terminará siendo asociado al mismo, pero no como una divinidad que cumpla una función específica, sino aportándole el que quizá sea el rasgo más significativo del mundo de los muertos, en contraposición al mundo de los vivos: la oscuridad. Así, mientras que el mundo de los vivos se caracteriza por la luz, que posibilita las condiciones ambientales necesarias para la vida, el Infierno, en tanto que lugar subterráneo, es un espacio privado de luz, de tinieblas, húmedo, rodeado de humo y niebla, y es ahí donde Érebo hace su aportación al otro mundo. Y es por ello, asimismo, que la propia palabra Érebo termina convirtiéndose en un epíteto más para referirse al Infierno.

Como ejemplo de ello, el Canto XX de la Ilíada nos ofrece una breve descripción de ese lugar oscuro que se encuentra debajo de todo, incluso del océano gobernado por Posidón. En este canto, Homero nos sitúa en la lucha que entablan los dioses, dentro de una asamblea extraordinaria, para ver a quien favorecen en la Guerra de Troya:

“Los felices dioses, tras estimular así a ambos bandos,
entrechocaron y entablaron entre ellos una feroz disputa.
El padre de los hombres y de dioses emitió un terrible trueno
desde las alturas, y por debajo Posidón provocó una sacudida
de la ilimitada tierra y de las escarpadas cimas de los montes.
Se conmovieron todos los pies del Ida, rico en manantiales,
y sus cimas, la villa de los troyanos y las naves de los aqueos.
Sintió miedo en lo hondo Aidoneo, soberano de los subterráneos,
y con el susto saltó del trono y dio un alarido, temeroso de que
Posidón, agitador del suelo, resquebrajara la corteza terrestre
y quedaran patentes ante mortales e inmortales las mansiones
pavorosas y sombrías, que hasta los mismos dioses aborrecen.”
(Hom., Il., XX, 54-65)

En definitiva, en Érebo vemos a un dios primordial de escasa relevancia para el devenir mítico griego, pero que aporta su oscuridad para explicar la noche, así como también aporta el rasgo más distintivo del otro mundo.

Bibliografía:

  • Hesíodo (2014), Obras, Introducción, edición crítica y traducción de José Antonio Fernández Delgado, Madrid, CSIC.
  • Homero (2000), Ilíada, Madrid, Biblioteca Básica Gredos.
  • Harrauer, C. (2008), Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, Herder.
  • Zannini Quirini, B. (1991), “El más allá en las religiones del mundo clásico”, en Xella, P. (dir.), Arqueología del Infierno, Sabadell, Ausa.
  • Grupo Tempe (2008), El reino de la noche en la Antigüedad, Madrid, Alianza Editorial.